Se
apagó la voz que nos cautivó en los ochenta y nos enamoró perdidamente en los
noventa. Dulce y generosa nos regaló su voz a través de acordes de soul y
R&B disfrazados en lo que tildaron de música Pop. Lanzada a lo más alto
tras su interpretación en la película El
Guardaespaldas, Whitney Houston no dejó de cosechar éxito tras éxito, sin saber
que ese sería el camino hacia su autodestrucción.
Amadrinada
por Aretha Franklin, musa de la música negra, Houston desarrolló una tremenda
carrera no solo como vocalista sino como una superestrella en contrapunto con
la provocadora y rebelde Madonna, la otra diva del pop. Su sencillez, su
inocencia y su belleza fueron sus puntos fuertes que respaldaron con acierto su
desgarradora voz. Sin embargo, su frágil personalidad se derrumbó bajo los pies
de su ex marido, Bobby Brown, quien la condujo hacia los excesos del alcohol y
las drogas pensando que eso la mantendría fuerte para sobrellevar la fama.
De
esta manera comenzó la decadencia de una de las más grandes, y por qué no
decirlo, mejores voces de todos los tiempos. Los escándalos ensombrecieron su
talento y su vida cayó en picado. Ya no se hablaba de su dulce melodía, ya no
quedaba nada de esa joven que nos enamoró con su estremecedora interpretación
de I
will always love you. Ahora solo quedan tributos, que tras su muerte,
pretenden devolverle lo que pertenece, su puesto como la única reina del pop.

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