Doce
en punto de la mañana, Plaza Nueva, Sevilla
No
había marcha atrás. La cita con la democracia estaba servida bajo un cielo tan
gris como nuestro futuro. Centenares de manifestantes, amigos, compañeros de
profesión, estudiantes y gente que cree en la necesidad de devolverle la
dignidad al ejercicio periodístico, se concentraron delante del Ayuntamiento de
Sevilla para reivindicar el derecho que tienen los periodistas de un empleo
digno.
Esta
marea de malestar entre los trabajadores viene de largo. Desde que las
prácticas de formación se identificaron con el término “puesto de trabajo”, las
empresas informativas han ido enriqueciéndose a costa de los recién licenciados
que sólo buscan un trampolín para dar el salto a su futuro laboral. Sin
embargo, son utilizados para ocupar durante los seis meses que dura la beca
formativa un puesto de trabajo que en realidad pertenece a un profesional de la
comunicación que, seguramente, habrán despedido con la excusa de que “no hay
dinero”, dejando paso a la precariedad de esta profesión. Así, los jóvenes
debutantes luchan por ese puesto privilegiado de becario en ciernes donde -si cobrasen- no llegarían ni al sueldo mínimo
interprofesional, ni cotizarían en la seguridad social como cualquier otro
empleado, sin embargo, sí que realizarían las mismas labores que cualquier
otro, e incluso otras que no les corresponderían por su licenciatura, excluyendo
así el término “formación” de la práctica que realmente deberían desempeñar.
Por
el contrario, el profesional cuya experiencia laboral le ha abalado durante
tantos años de trabajo, se queda en la calle, probablemente con una familia que
alimentar y una hipoteca que pagar. A pesar de su amplia formación y su
dilatada carrera el empresario apuesta por la precariedad antes que por la
calidad informativa. Los intereses empresariales suprimen el principio de
rigor, honestidad y calidad periodística por el lucro. Así, la información se
ve contaminada por intereses, intereses y más intereses que nada tienen que ver
con el periodismo.
Por
todo ello, hoy, estudiantes, periodistas, comunicadores, cámara, fotógrafos y
todos aquellos que tienen que ver con el ámbito de la comunicación gritan “¡basta
ya!”. Plantándoles cara al sistema y buscando alternativas para regresar al
periodismo libre, objetivo y de calidad. Un periodismo que no denigre al
trabajador ni al público al que se dirige, porque los ciudadanos también tienen
derecho a estar bien informados y los profesionales a que se les reconozcan su
trabajo con un sueldo digno.

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