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| Fotografía extraída de la web www.laopiniondemalaga.es |
Las noticias de sucesos, o crónica negra, donde se encuentran implicados como sujeto activo o pasivo menores de edad, suscitan mucha expectación mediática por la morbosidad del acontecimiento, así como el estremecimiento atroz de la opinión pública sobre si un menor ha podido padecer algún daño o, por el contrario, realizarlo sin ningún tipo de escrúpulo, ni sentimiento de culpabilidad.
Es por ello, que hoy en día, las páginas de sociedad, o los espacios radiofónicos y televisivos de sucesos, se pueblan de noticias escabrosas como asesinatos, maltratos, agresiones, etc. enfocados, cada vez más, a este sector de la población. Desde el boom de hace unos años de las agresiones físicas de jóvenes grabadas con el móvil, hasta el mobbing escolar, y los asesinatos provocados por adolescentes, han hecho de los medios un entorno acostumbrado a mostrar este tipo de actos vandálicos, sin ningún tipo de control a la hora de exponer imágenes o articular la información. Así, los medios se muestran como un espejo de una realidad algo distorsionada por la morbosidad del acontecimiento, ciñéndose en lo superficial de la noticia más que en el hecho en sí.
Esto puede desembocar en una doble reacción por parte
del público que recibe la información. Por un lado, los adolescentes que
todavía no tienen plena conciencia de la gravedad del asunto, pueden verse
motivados por los medios para realizar ese tipo de actos, pensando en la
publicidad que tendrán en la televisión o en la
prensa sin ver las verdaderas consecuencias que conllevaría dichos
sucesos. Por otro, al tratarse de menores de edad -y es aquí donde me demoro
con más cautela-, la protección de la infancia se vería violada, al formar un
juicio de valor ante el sujeto que realiza dichos actos o los recibe,
consumándose así, un juicio mediático que atenta contra los derechos
fundamentales reflejados en nuestro sistema constitucional, donde el menor se
vería gravemente perjudicado.
Esta modus operandi de los
profesionales de la comunicación está desatando una alarma social que influye
en el concepto sobre la juventud y la manera de relacionarse que tienen con el
entorno. Los informadores solo muestran lo escabroso dándole dramatismo al
hecho, para suscitar esa aprensión enfocada a la globalidad de los jóvenes,
cayendo en el prejuicio de la inmoralidad e inconsciencia de éstos.
Esto nos lleva a plantearnos un
paradigma en la ética y deontología periodística, pues claramente se está
atentando contra el buen quehacer de esta profesión con el uso del
sensacionalismo que quebranta la presunción de inocencia en algunos casos y la
protección infantil en otros.

Te dejo la entrevista que realicé a Supersubmarina hace un mes, en su concierto en Alicante. http://www.youtube.com/watch?v=t7EQNflJc8w
ResponderEliminarMuy buena. Son estupendos y me alegro que se valore la calidad de este grupo y que tenga tanta repercusión en el resto de España. UN saludo :)
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