lunes, 16 de noviembre de 2009

Sobrevolando el escenario


Eran las seis de la tarde cuando conseguí llegar al Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla donde tendría lugar el aclamado concierto de los flacos de Madrid. Una multitud de adolescentes se agolpaban a las puertas entre gritos y pancartas que decían: “NOSOTROS TAMBIÉN SOMOS SUPERYONKIS”. El entusiasmo y las ganas por ver al dúo envolvían el ambiente de la eterna espera, donde algunos de ellos llevaban desde las ocho de la mañana del día anterior, haciendo guardia para conseguir los primeros asientos del evento que logró agotar las entradas con dos meses de antelación.

El majestuoso Palacio dio el pistoletazo de salida cuando los guardias de seguridad retiraron las puertas para dar paso al recinto. Ya no había vuelta atrás. Una estampida de hábiles corredores inundó en unos segundos todo el perímetro dejando a los más rezagados en un segundo plano.
La sala mostraba una estructura similar a la de un anfiteatro de pequeñas dimensiones. El aforo de mil personas llegó a su cupo unos instantes antes de que diera comienzo el espectáculo. Los focos que iluminaban el escenario se encendieron cuando el cantante del grupo telonero Ragdog cantó el tema “Secretos” dejando su voz al descubierto sólo con el acompañamiento del piano. Dos horas de powerpop fresco y renovado con grandes canciones como “A ninguna parte”, “Sin dirección” o “Nada más”, temas que llegaron a conseguir más de diez mil descargas en tan sólo dos semanas y que mantuvieron al público caliente para el plato fuerte de la noche.

A las nueve y media los flacos sacudieron el escenario para dar comienzo a uno de los mejores directos del 2009. Tras una cortina de humo, el sonido de una guitarra presagiaba las primeras notas de “Lady Madrid”. Los aplausos y los gritos coreando la canción, no tardaron en dar la bienvenida al grupo. El ritmo del dúo madrileño siguió hasta que uno de sus músicos pidió silencio para escuchar el primero de los acústicos de la noche: “Llévame al baile”, una balada de su nuevo disco “Aviones”. Sin bajar el telón, el concierto continuó con otro gran sólo de Leiva, deleitando a los allí presentes con “Sonrisa de Amelie”, una de las canciones más esperadas de la noche.



El estilo y la clase que desprendía el escenario envolvió a los allí presentes que, de momento, rompieron con el silencio por la emoción de acompañar al cantante en aquellos versos tan sutiles y pasionales, incapaces de destrozar la sensación de estar conectados, por un instante, con la armoniosa melodía.

Tras varios temas de discos anteriores, los madrileños dieron un giro inesperado cuando tocaron los compases de uno de los éxitos de los Beatles para introducir la canción de “Estrella polar” o la canción de “Pretty woman” para enlazarla con la sensual sintonía del tema “Champagne”.

El humor y la chulería de los desvergonzados artistas estuvieron presentes durante todo el concierto. Uno de los momentos más destacados del espectáculo fue cuando Leiva, de forma espontánea, pidió a las chicas que apuntasen su número de teléfono en el paquete del tabaco. En ese instante, sin haber terminado de hablar el cantante, una chica le arrojó un paquete al escenario con bastante entusiasmo y con tal ligereza que se olvidó de poner el nombre. Leiva un tanto confuso y divertido terminó por decir: “bueno no entiendo lo que pone, así que un aplauso a ni puta idea”. Esto desató los aplausos y carcajadas del público que estaba disfrutando como nunca.

El concierto prosiguió con más éxitos del grupo que siguieron con la misma fuerza y energía que en la primera canción. Tras una breve pausa, se apagaron las luces y el sonido. El recinto estaba oscuro y daba la sensación de que el espectáculo había terminado. Sin embargo, unos disparos y una luz lúgubre resucitaron el escenario, mientras que un hombre encapuchado y con una pistola en la mano gritaba: “manos arriba esto es un atraco”. En ese instante, el grupo volvió al escenario vestidos de bandidos para interpretar la canción “Señor Kiosquero”.

No obstante, el final estaba a la vuelta de la esquina. Tras varios tragos a lo que parecía ser una cerveza, Rubén y Leiva tocaron los últimos acordes de la noche con “Superyonkis”, despidiéndose así, de un intensivo concierto lleno de espectáculo, diversión y con grandes canciones que hicieron vibrar al pequeño aforo que tuvieron la suerte de contemplar a uno de los mejores grupos del siglo XXI, que seguirán su gira por otras ciudades ampliando su perímetro hasta América Latina junto al gran Joaquín Sabina.

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