No puedo dejar de leer las historias de mujeres de Rosa Montero. Me parecen absolutamente fascinantes y verdaderamente reveladoras. Es increíble averiguar que sentimientos que consideraba tan de mi época, hace siglos que otras mujeres lo han vivido. Es como verme reflejada en esas historias tan conmovedoras y que hacen que irremediablemente me haga la pregunta de si yo acabaré como una de ellas, en un libro contando mis intimidades, mis fobias, mi miedos, mis delirios, expuesta al público de cuerpo y mente siendo objeto de críticas y elogios por mis idas y venidas fuera de lo marcado como “lo normal”.
Lo pienso y es una sensación un poco extraña, supongo que soy un poco reacia al verme expuesta tan abiertamente, de esa manera tan reveladora, tan morbosa que no sabría si mi recelo sería capaz de soportarlo. Dicen que solo dejamos ver lo que queremos que vean y que ocultamos aquello que nos da miedo mostrar, nuestras inseguridades, nuestros defectos. Parece que si no lo nombramos es como si no existiesen y nos autoconvencemos creyéndonos nuestra propia farsa, y si lo pienso detenidamente, no les falta razón.