Aunque sobran los motivos por los que enaltecer su arrugada figura, lo cierto es que el Maestro Sabina sigue demostrando su talento y proeza lírico-musical con su nuevo disco “Vinagre y Rosas”, que saldrá al mercado el próximo 17 de noviembre. Después de cuatro años de silencio, Sabina ha sabido retomar el tiempo perdido con un repertorio de trece nuevas canciones, cuyo lanzamiento destacado es “Tiramisú de limón”, donde el grupo madrileño Pereza pone la nota musical a los versos de este viejo ubetense.
El aire bohemio y poco cuidado de Sabina, se refuerza con su desgastada voz que roza casi la ronquez por sus malos hábitos de tiempos anteriores. Sin embargo, eso no le ha impedido ser uno de los grandes cantautores que existen en el panorama musical. Con quince discos a su espalda, este consagrado artista ha luchado desde sus comienzos por sus dos pasiones: la música y el amor en verso.
Con tan sólo catorce años comenzó a escribir poemas de amor, inspirándose en su primera novia. Aunque fue un amor truncado por la oposición del padre de la chica, Joaquín nunca cedió en su empeño, buscándola por todos los rincones donde ella iba, llegando incluso a instalar una tienda de campaña en frente de la casa familiar de la joven, para fugarse poco después al Valle de Arán - Lérida – donde vivieron juntos unos días.
Tras cursar el bachillerato, Joaquín fue recompensado con una guitarra española que le ayudaría a encaminar su futuro como cantautor. Sin embargo, no dejó por un instante los estudios. Se trasladó a Granada para estudiar en la Facultad de Filología Letras donde comenzó a colaborar en la revista Poesía 70.
Su ideología está presente durante toda su vida. En 1968 -Durante el estado de excepción- su padre, comisario en Úbeda, recibe la orden de detener a Joaquín por su pertenencia al Partido Comunista. Sin embargo, su aire revolucionario le empujó a lanzar años después, un cóctel molotov contra una sucursal del Banco de Bilbao en Granada en protesta por el Proceso de Burgos, por lo que se vio obligado a exiliarse, primero en París, y luego en Londres donde vivió como ocupa durante unos meses. Esto le permitió ganarse la vida entre metros, locales y cafés, donde actuó ante el ex Beatles George Harrison.
Aunque todo esto marcó el rumbo de su enredada vida como cantante, lo cierto es que tras sufrir un leve infarto cerebral en el 2001, Sabina se vio sumergido en una gran depresión que lo llevó a abandonar los escenarios por un tiempo, hasta que logró superarla publicando “Alivio de luto” en el 2005.
Así, el maestro retomó su cante y su guitarra, volviendo a renacer cuando todo el mundo lo creía acabado, realizando grandes discos que quedarán para la posteridad, como lo hará, una vez más, “Vinagre y Rosas”. Y es que a pesar de sus 60 años, su sangre andaluza y bohemia le impide abandonar su inspiración, esas las letras escritas por sí solas que envuelven como nunca el alma, atrapando con descaro el corazón.
Un poeta en toda regla, un cantante con devoción, un artista de los pies a la cabeza, un maestro de la canción. Así es este Sabina, un revolucionario del amor.
